España campeona de Europa en el uso y abuso de químicos para la agricultura

No hay país en Europa donde se comercialicen más toneladas de productos químicos para la agricultura como en España

 

Llámalos como quieras: Agroquímicos, Fitosanitarios o Pesticidas. Todos son QUÍMICOS que se FABRICAN para aniquilar plagas, eliminar hongos, malas hierbas, incrementar la productividad, prolongar el ciclo vital, controlar la maduración de la fruta evitando así que las cosechas se “malogren”, siempre dentro de la “legalidad”, de un modo barato, cómodo y rápido.

Por desgracia, las autoridades legislan muy lentamente, sufriendo grandes presiones por parte de la industria química. La realidad es que por un lado, se van prohibiendo ciertos químicos y por el otro, la industria va introduciendo variedades y novedades, haciendo que el círculo vicioso nunca pare.  El reciente caso del GLISOFATO es uno más de las decenas de químicos que se han probado NOCIVOS para el medio ambiente y para la SALUD HUMANA.

Son los agricultores los primeros afectados por su uso de manera regular y directo, sufriendo enfermedades pulmonares, degenerativas, cáncer, enfermedades del piel, oculares, trastornos digestivos.

Nuestros campos les siguen, como víctimas silenciosas, estando cada vez más áridos, con suelos más pobres y con menor BIODIVERSIDAD en su entorno y una climatología incierta y cambiante, sin duda afectada por el indiscriminado abuso que de la tierra se está haciendo. La comunidad agrícola depende cada más de los aditivos químicos para hacer que sus explotaciones sigan siendo rentables y productivas, sin importarles (o sin ser conscientes) las consecuencias a largo plazo.

Lo más preocupante es que, el consumo de Fitosanitarios en España va en aumento y actualmente, somos los campeones de Europa en su uso.

Por último, los sufridos CONSUMIDORES, la mayoría despreocupados y desinformados. Somos el último eslabón en la cadena alimenticia. Vemos como proliferan las enfermedades como el autismo, la diabetes, el asma, las alergias alimentarias, el alzheimer, el cáncer, los ictus o la obesidad en niños y adultos.

Encontramos residuos de plaguicidas en la leche materna que se da a los bebés, en las placentas. En definitiva, hay una gran concentración de sustancias químicas que ingerimos a través de miles de alimentos que provoca que las células proliferen y formen tumores.

El argumento promovido por la industria agroquímica de que los plaguicidas resultan necesarios para lograr la seguridad alimentaria no sólo es inexacto sino que además resulta peligrosamente engañoso.

En definitiva, es esencial que se invierta la carga de la prueba de modo que sea la industria la que antes de poner un producto en el mercado demuestre que no es nocivo para la salud y el medio ambiente, y no al revés.

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